Hoy vamos a viajar varias décadas atrás y vamos a parar nuestro birrovisor (ya sabéis la  máquina para transportarnos por la historia de la cerveza) en la ciudad de Madrid en el año 1937 para dar una pequeña pincelada de cómo se vivía, que se bebía y como se bebía.

Estamos en verano, el calor es grande, pero la ciudad es bastante distinta a la que conocemos hoy. Estamos en plena guerra civil, una lucha entre compatriotas, dura, incruenta y cruel. La ciudad está sitiada y se pasa hambre.

Se come poco, y ese poco consistía en lentejas, boniatos, gachas, alguna vez bacalao en salazón, algún huevo y casi nada de carne. El arroz y las frutas dejaron de llegar cuando, tras la batalla del Jarama, en febrero de 1937, se perdió la conexión con Valencia, a donde ya había huido el Gobierno republicano, dejando al mando a la Junta de Defensa de Madrid del general Miaja. “Los gatos desaparecieron de la ciudad”. También se hacía pasar perro por cordero”.

El hambre agudizaba el ingenio: se hacían tortillas con mondas de naranja, chorizo de miga de pan con pimentón o merluza consistente en rodajas de cebolla rebozadas y fritas.

Había escasez de productos, cartillas de racionamiento, se crearon comedores colectivos, apareció el mercado negro. Las autoridades intentaban controlar la situación fijando unos precios oficiales que procuraban mantenerse en unos límites correctos, aunque rara vez se parecían a los precios auténticos, a lo que se pagaba en el mercado realmente.

Ante una coyuntura de guerra, todos los aspectos de la vida se resienten y en este punto hemos de decir que ante una situación tan difícil, una situación de grave riesgo, la vida se transforma se busca sobre todo el sobrevivir.

Madrid 1936Trinchera en la calle Segovia

Aunque la vida continuaba y aquellos que todavía podían buscaban locales de diversión, tabernas «cabarets» y cafés de camareras permanecieron abiertos, aunque algunas autoridades locales se apresuraron a decretar el cierre, pero los más hicieron la vista gorda. Parece que el consejo era divertirse discretamente. A veces la escasez de energía eléctrica adelantaba las horas de cierre de cafés y espectáculos. Los servicios de tranvías paraban su funcionamiento.

En la ciudad de Madrid había tres grandes fábricas de cerveza

Al comienzo de  la contienda, Mahou ocupaba el cuarto lugar entre las cerveceras españolas y el segundo entre las de  la capital. El estallido del conflicto encuentra a la familia de vacaciones en un balneario de San Sebastián, siendo la fábrica de la calle Amaniel requisada por el gobierno de la II República, que decidió mantener la producción, eso sí, reducida al mínimo, dada la proximidad de la del frente de la Ciudad Universitaria

 

Fábrica de Mahou en la calle Amaniel de Madrid

El Águila era otra de las fábricas clásicas de Madrid, con la sede en la calle General Lacy con una producción de 800.000 hectolitros en 1935.

En vísperas del estallido  de la contienda una huelga, dirigida por UGT estalló en El Águila. La prensa nos informaba de desabastecimiento, despidos y de un acuerdo final el 25 de mayo de 1936. Como consecuencia del acuerdo fue apartado del cargo de director D. Joaquín Montes y despedidos los obreros de orientación conservadora  y los obreros volvieron a trabajar cantando La Internacional

Al estallar la Guerra Civil, algunos directivos fueron asesinados -don Joaquín de Montes Jovellar y el Consejero Secretario don Juan José de Bonifaz y Rico- y la fábrica, incautada por el bando republicano durante más de treinta y dos meses. En marzo de 1939, tras la toma de Madrid, la fábrica volvió a manos de sus dueños quienes, tras la reparación de diversos daños en los silos y en la zona de fermentación, la pusieron nuevamente en producción.

 

Fabrica de cervezas El Aguila en la calle General Lacy de Madrid

La tercera gran fábrica en Madrid era El Laurel de Baco. La factoría fue incautada por el sindicato de cerveceros. Por otro lado, la ubicación de ésta en primera línea del frente le hizo suspender su actividad y evacuar sus instalaciones. La fábrica fue bombardeada y quedó en ruinas, teniendo que ser trasladada a la calle del Marqués de Riscal.

La fábrica de Santa Barbará fue intervenida por un comité obrero de UGT, que se veía obligado a suspender sus reuniones “por obuses y cañonazos” que se escuchaban durante las sesiones, según consta en las actas del sindicato.

 

Fábrica bombardeada de El Laurel de Baco en Madrid

En este panorama vemos que las fábricas están intervenidas y sus producciones están seriamente dañadas. Aquel Madrid es una ciudad con cerca de un millón de habitantes, a los que hubo que sumar unos 200.000 refugiados de Andalucía y de Castilla que llegaron a la capital republicana huyendo del avance de las tropas franquistas. Con un parque móvil de 60.000 vehículos, cerca de 500 tranvías y más de 3.000 taxis.

En Julio de 1937 se publico en la revista Estampa, (que fue una revista cultural de tirada semanal) publico un interesante artículo sobre el consumo de cerveza de la capital sitiada firmado por Isidoro Satue, con fotos de Benitez Casaux.

En dicho articulo se comenta que el reparto se hacía en carros y camionetas, y debido a su escasez muchas veces era seguido de un público numeroso (soldados del ejército popular, jovencitos y menestrales) ansioso de probarla nada más llegar a los locales, porque se agotaba rápidamente.

En aquel Madrid se consume mucho mas vino que cerveza, el pueblo llano es lo que conoce y consume.

La cerveza era considerada una bebida floja y propia de extranjeros. Una bebida muy asociada al verano que poco a poco a lo largo del siglo XX fue dejándose ver en tabernas, cafés y merenderos. También se beben otros licores como coñac, jerez, o anís. La cerveza no era tan estable como la que conocemos hoy en día, a veces estos brebajes debían rebajarse con limón. La gente también aplacaba el calor con refrescos como el agua de nieve, horchatas, limonadas o zarzaparrillas.

Volviendo al artículo, este nos cuenta que una vez detectado el local donde se iba a descargar la cerveza directamente de fábrica, los bebedores se lanzaban a pedirla a veces en avalancha provocando a veces tumultos por el ansia de no quedarse sin ella.

Las fabricas  producen lo que pueden que generalmente es poco, se elaboraban diariamente cincuenta y dos mil litros de cerveza que se dividían entre la destinada al consumo en bares o cervecerías y la que se enviaba directamente al frente.

 

Ilustración en la revista Estampa de un bar de Madrid 1937

El frente era la prioridad, según un camarada del consejo obrero de cierta fabrica, “estamos dispuestos a dejar de suministrar cerveza a Madrid, para evitar este espectáculo un poco doloroso que se da en la retaguardia y remitir toda la producción a los soldados que se baten de verdad, a los que no usan el uniforme para exhibirlo ante las muchachas madrileñas”

Debido a las dificultades de producción, faltan medios de locomoción para traer las materias primas para su fabricación. Las provincias que no tenían fábricas estaban abandonadas.

En cuanto a donde, se podía encontrar en algunos pocos locales, cafés, hoteles y en cervecerías clásicas como la cervecería alemana de la Plaza de Santa Ana, las bodegas de La Ardosa, casa Alberto, casa Labra o la taberna de Antonio Sánchez.

En el bando nacional, Franco tenía más posibilidades de ganar la  guerra  desde el principio ya que en la zona nacional estaban situadas las principales zonas agrícolas, mientras que en la zona republicana quedó situada la industria. Por lo que la zona franquista no tuvo carencias alimentarias y los precios se mantuvieron estables, dentro de lo que una guerra puede permitir.

Un equipo de arqueólogos del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ha recabado detalles de la vida cotidiana de los soldados nacionales en una trinchera de la Guerra Civil, en la zona donde se produjo la rendición de Madrid.

En las excavaciones, hallaron una cantina, con una gran cantidad de comida y bebida, como botellas de brandy, de anís, de sidra, de jerez, de cerveza y de Coca-Cola, así como restos de una dieta muy variada, que incluye carne de vacuno, de oveja, de cerdo, de pollo, de bacalao, chirlas y berberechos,

 

Como vemos tomarse una cerveza en Madrid en 1937 no era imposible pero sí bastante difícil. Hemos de dar las gracias a contar hoy en día con tantas buenas cervezas, con variedad donde elegir y sitios de todo tipo para hacerlo. Así que ya sabéis, iros al sitio que mas os guste y con una buena cerveza en la mano, pensad la suerte que tenemos y brindemos con una buena cerveza con una fuerte Salud y birras.

 

Fuentes:

LA VIDA COTIDIANA EN MADRID DURANTE LA GUERRA CIVIL, 1936-1939 Marta García García. Y María del Carmen Parras Moral.

http://hemerotecadigital.bne.es/

http//www.somosmalasana.elperiodico.com/de-cervezas-por-la-historia-de-madrid/

https://www.cervezartesana.es/blog/post/antiguas-cerveceras-listado-por-ciudades-y-municipios.html

http://arqueologiaeconomica.blogspot.com/2007/06/fbrica-de-cervezas-el-guila-madrid.html

https://www.hoy.es/sociedad/triunfo-cerveza-guerra-20180414215550-ntrc.html

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